¿Qué buscas?

Hoy he salido antes del trabajo. En mi mesa, delante del ordenador me he dado cuenta de lo autómatas que somos. Me ha invadido una tremenda pena. Sin apagar el ordenador, ni coger mi bolso me he ido a la calle. El sol me ha cegado; las luces de neón de la oficina tienen cegadas mis pupilas. He caminado como si buscara algo, con desesperación. Desesperación por encontrar lo que no se puede buscar.

Al entrar en el metro, veo a un chico de unos 16 ó 17 años aproximadamente, es muy delgado sus ropas están rasgadas. Cinco chicos lo miran y se ríen. Una chica de unos 15 años, muy menuda pero con fuerza en la mirada se dirige al chico. Este la mira con recelo, los otros hacen que la chica caíga, ella se levanta, hace como si no hubiera caído. En la barra, donde la mano de la chica roza la del chico, este le agradece con una mirada cabizbaja. Los otros se acercan y la chica se pone delante, desafiante.

- Qué tan diferente te crees de nosotros dos. Si hay alguién que desea con todas sus fuerzas no parecerse a ti ese es él. Si lleva esa ropa es para que entre la multitud, con tan solo alzar la vista, todo el mundo pueda ver que no sois iguales, aunque pertenezcáis al mismo mundo.

Yo al igual que el resto de las personas del vagón me quedo paralizada, tan sólo observando. Por un instante he sabido lo que buscaba pero no lo he encontrado. He envidiado la fuerza de la chica, la determinación del chico. Y me he visto más cerca de los que amenazaban que de los que eran amenazados. Y si es así, ¿cuál es la amenaza que me persigue? ¿Es quizá, esto un cuento de Navidad en agosto?

Mientras los chicos se bajan tranquilamente en su parada de metro, yo me doy cuenta que la mía se me ha pasado y que por mucho que corra no es posible que alcance la puerta. Salteo los pies de la gente que está sentada y que ni tan siquiera tiene la educación, por no decir compasión de recoger sus extremidades inferiores. Qué decir de los que se aferran a las barras; qué ingenuos se creen, piensan que son sólo suyas por los impuestos que pagan.

Ahora, que me he quedado a las puertas cuando estas se cerraban mi cara de derrota es divisada por una mujer de unos 70 años aproximadamente. Ella me llama y me voy a su lado, me hace un hueco. En frente de nosotras está sentado su hijo, de unos 50 años. Ella me cuenta, que nació con una discapacidad, que así fue como lo llamaron los médicos. Ella con un brillo en los ojos me dice:

- El mejor regalo que mi hijo ha tenido es quedarse en los 5 años, así no ve la crueldad de las miradas de los otros; unos por mirarlo con compasión, como tú; otros por reirse de él, como aquellos cinco chavales u otros como la mujer que está sentada a su lado , que se aparta porque cree que se le puede contagiar.

Miro a la mujer, y le sonrío. Ella coge mi mano. Me pregunta si creo en las gitanas que leen la palma. La miro, la mujer que sabe más por vieja que por diabla, acierta que mi respuesta es un "no" rotundo. Entonces me pregunta que si es porque la mujer sea gitana. Le digo que no. Entonces ella me dice que cuando ha cogido mi mano a mí no me ha importado que ella me la cogiera, y ella no es gitana. Y es cierto, no me ha importado que ella me agarrara la mano. Observando las líneas que recorren mi palma me pregunta:

- ¿Qué buscas?

- No ser una obeja más del rebaño- ella me sonríe y se levanta. Coge la mano de su hijo. Él mientras nosotras hablábamos hacía una pulsera. Me mira y me la deja en mi regazo. Ahora, si alcanzo a llegar a la puerta, pero esta vez no para bajarme, sino para darle un beso al hombre que conserva a Peter Pan.

No sé que es, lo busco, pero en el trayecto de 5 paradas de metro he aprendido más que en los cientos de viajes que hago a lo largo de la semana. Mientras reflexiono y me abanico con un periódico me doy cuenta de que un hombre, con mirada baboseante, se acerca. Yo me quedo en mi sitio, y me sigo abanicando. Mi camisa deja ver mi escote. En sus ojos veo la lujuría, y veo, también, su poder, o al menos el que él cree que tiene. En su mano derecha tiene una alianza, que intenta disimular a toda costa.

Ahora sí soy yo la amenazada. Pienso en como reaccionaría la chica o la mujer mayor. Así que le miro con descaro, como si en realidad quisiera algo con él. Sin decirle nada, le miro mientras me acerco a la puerta. Él me sigue. Me dirijo a un fotomatón, allí él entra detrás, se está desabrochando el pantalón en ese momento aprieto el botón y hago la foto. El flash le ha dado de lleno en los ojos. En su confusión aprovecho y cojo las fotos y su cartera. Memorizo su dirección y su nombre y se la dejo en el suelo. Camino ligera.

Me voy a un café con ordenadores y conexión a Internet. Busco la dirección de su mujer y su teléfono; la llamo y quedo con ella en el mismo café donde me encuentro. Mientras la mujer llega redacto una carta diciéndole como es su marido. Detrás de la foto escribo:

Sea lo que busques no es tu marido. Piensa. ¿Qué buscas?

Cuando llega la mujer, el camarero le deja mi nota, la lee y ve la foto. Su reacción me sorprende, lo rompe y no hace nada. Su rostro es inexpresivo. Me doy cuenta que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Ya sé lo que busco. Ser yo misma. Ser una mujer. Luchar por la igualdad de hombres, niños, adolescentes y mujeres. Y me doy cuenta de que jamás lo encontraré a no ser que todos ellos también quieran buscarlo.

4 comentarios :

€_r_i_K dijo...

Bien, ahora, bueno dentro de un par de minutos, se me cerrará la boca, pero no, hace tiempo que dejé de buscar...Ya sabes, prefiero seguir reconociendome en el espejo...

P.d.
Cada cuál encontrará, pero no lo que busque, lo que le aparezca, y depende de su instinto, creerá haber encontrado....


Abrazos....

Calle San Juan de Dios Nº8 dijo...

Lo buscas y lo encontrarás, por que si hay algo que te defina es la tenecidad, el perfeccionismo e inconformismo.
Ya has visto que es mucho más dificil de lo que uno cree abrir los ojos del ciego voluntario. La historia de la mujer del corbatas me recuerda muchísimo a algo que vi hace muchos años. Y las mujerres de los corbatas, normalmente, suelen reaccionar igual.
Viendo tus palabras y tu lucha veo que dentro de ti se está fraguando algo muy fuerte y que tienes la capacidad de crear algo muy grande.
Si has conseguido cambiar el mundo para una sola persona, serás capaz de cambiarlo para toda la humanidad.
Un saludo muy grande desde esta calle que es tambien la tuya.

jorge dijo...

Nadie cambia al mundo.

Porque hay mucha gente que no quiere cambiar.

Pero puedes no conformarte con ser un clon sin pensamiento propio.
Puedes huir de los prejuicios y juzgar a cada persona por lo que es.
Puedes crearte tu propio codigo y seguirlo a pesar de todo...

... y puedes seguir escribiendo lo bien que lo haces y viviendo igual que escribes.

Verónica (peke) dijo...

Solo busco el equilibrio en esta vida...

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi ricon con una taza de cafe, si gustas...