Hipoxia


Cóseme las manos. Así empezaba a recitar el más vivo de todos. Finge ser tu mismo y quizá llegues a ser yo. Le contestó el más muerto. Sin dilación alguna comenzó lo que hasta el momento sólo eran incoherencias sueltas en medio del edén. El deseo se citó así mismo para mediar entre ambos, no por generosidad, más bien como el mayor fingimiento de ser otro.

Entre tanto, en la esquina de la izquierda se hallaba algo diminuto, brillante y con forma esférica. Era una de esas bolas de cristal de decoración, esas que tanto salen en las películas de la sobremesa cuando empieza a oler a Navidad. Sí, esas bolas tan perfectas en su interior. Esta, sin embargo, tenía un interior de lo más curioso. Estaba llena de moscas pegadas, que imitaban la nieve de las más comunes.

El más vivo vio cómo el deseo se fue directo hacía ella, la cogió, le dio entre 5 a 10 vueltas y cuando las susodichas comenzaron a bailar fue el más muerto quien arqueo sus ojos para enfocar tal acontecimiento.

Allí, se encontraban los tres; el más vivo, el más muerto y el deseo, y todos fingían lo mismo, no saber que era aquél objeto.

Fue entonces, cuando "el mundo feliz" del edén se tornó menos feliz. Y es que encerrado en el cristal se encontraban los tres, porque uno es lo que fue, el otro lo que sueña ser y el último lo que teme ser.

Porque todos somos moscas condenados a la hipoxia.

3 comentarios :

NGS dijo...

Me encanta. Cada día escribes mejor y cosas más profundas. Me encanta quien eres, que serás y que deseas ser.

Bolero dijo...

Me quedo con el deseo, nos hace estar vivos y se muere por haber vivido
Opino como NGS cada vez, eres más intensa
Muakkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk

JULI dijo...

Acabo de escuchar tu ultimo programa en la radio,has estado fenomenal,¡que bien te expresas.
bueno espero verte pronto antes de que emigres a Holanda
besosssssssss
eres estupenda
¡tu si que vales guapaaa!