Inner life


Ya he cargado mi pistola, pero olvidé pedirme permiso para dispararla. Me fui y me dejé olvidadas las yemas de mis dedos, clavadas en las pupilas de todos ellos. Y ahora no consigo descifrar el mapa de mis manos.

Me fui sin la bestia para no escuchar los "no" y le di la bienvenida a la intensidad de mis venas heladas. Sin buscar llegué a encontrar, y cuando me afané a perseguir me perdí en la mediocridad.

Y no eres tú, amiga, soledad, la única que me acompaña, son los recuerdos de la mujer que miraba la vida desnuda por la ventana.

Y me cansé del desprecio, de las noches sin sentido y de todas las rosas marchitas guardadas en los cajones. Y me cansé de no ser yo para ser una mala versión de todos ellos, porque ahora, es cuando me siento más viva...

Y no digo adiós, sino hasta luego, porque olvidar no es necesario cuando te paras y no te importa el camino, porque sé que no existe el destino, excepto cuando no crees en ti mismo.

1 comentario :

Flamingo dijo...

A veces amiga, esas flores secas que están arrinconadas en nuestra mesita llevan más vida dentro que muchos de los suspiros que olvidamos cualquier tarde gris, a veces los desprecios, las decepciones o incluso la soledad son los marcadores necesarios que nos recuerdan que estamos vivos.

Te lo digo por experiencia, hay veces que solo ves una puerta cerrada, ni sufres, ni estás feliz, simplemente estás, lo bueno para mí es cuando eres consciente de tu dolor, da igual revivirlo o rebelarse con un grito rabioso como has hecho tú en tu bella entrada, sigue siendo señal de que estas viva y de que queda camino.