Me acosté conmigo y me levanté sin mí



Me acosté conmigo, y me levanté sin mí
Mastícame las ganas, no desfalleceré

Vuélvete en las esquinas, es posible que esté
No mires fotografías que allí no estaré

Me acosté conmigo, y me levanté sin mi
Mastícame el alma, no moriré

Búscame en las orillas, quizá aún no salté
No te aferres al ayer, no soy la chica del tren

Me acosté conmigo, y me levanté sin mi

Yo vine a pecar y me marché rezando

Me arde la lengua, el ritmo está suspendido por una coma

Y es que, quizá, nuestras bocas aún no saben ser mayores de edad
(Grito)





2 comentarios :

Flamingo dijo...

Sabes una cosa amiga, tu poema se me ha figurado el ecualizador de la bella canción con la que lo has acompañado, me encanta como alternas y juegas con el ritmo de la contradicción.

Es un poema sublime, hermoso ya desde la primera imagen metafórica, me quedo sobre todo con lo de me acosté contigo y me levanté sin mí. Te confieso que es algo que he sentido y espero que en tu caso sea ficción, porque es doloroso, muy doloroso.

No es el típico poema para intentar interpretarlo, quizá sí para interesarse por la dulce sensibilidad de la poeta que está detrás, es un poema para vivir e incluso para repetir varias veces porque, al igual que los mantras, acerca la belleza a nuestras almas.

Me ha encantado de veras.

Flamingo dijo...

El placer es mutuo, a mí me encanta también visitar tu blog y me hace ilusión que visites el mío.

gracias de verdad, un abrazo de oso y un besazo gigantesco.